jueves, 3 de febrero de 2011

La suspensión de la incredulidad (o la madre del cordero)

Término rimbombante donde los haya, es la traducción literal de una expresión inglesa acuñada por el poeta Samuel Taylor Coleridge (suspension of disbelief), que viene a decir que nuestra capacidad de rechazar una historia o concepto fantasioso queda aparcada o "suspendida"; esto es, que voy a creerme lo que me cuentas, por irreal que parezca, en favor de mi diversión y goce.

Generar esta suspensión es absolutamente clave en las novelas de ficción, ya que si el lector tiene constantemente la sensación de que la historia es falsa, por imposible, difícilmente seguirá leyéndola. Imaginemos a un amigo que nos cuenta una milonga: a no ser que le queramos muchísimo, le pediremos que se deje de cuentos y nos diga la verdad. Con una novela fantástica ocurre algo parecido. Las inconsistencias deben ser lo bastante leves como para que las pasemos por alto (como sucedía en las obras de Shakespeare), o estar tan bien contadas que las admitamos para poder ver adónde nos lleva la trama.

Si estás leyendo "Cuando cae la noche I" y aceptas los sucesos que se narran y a los personajes que la protagonizan he conseguido suspender tu incredulidad. Ojo, es evidente que sabes que los vampiros no existen (¿?), pero cuando lees la novela y te sumerges en su mundo, admites la realidad contenida como posible. Volviendo al inevitable "Quijote", las novelas de caballería que leía don Alonso eran tan buenas creando esa suspensión (o el pobre lector tenía la cabeza tan perjudicada), que el hidalgo creyó que lo que contaban no sólo era auténtico en las obras, sino también en el mundo en el que él vivía.

Por tanto, aunque la expresión es relativamente moderna (1817), la intención de generarla no, y se basa en algo tan atávico como hacer creíble lo increíble a fuerza, por ejemplo, de mezclar elementos reales con otros fantásticos o desconocidos.Tanto la ciencia ficción como la ficción histórica han recurrido a esa técnica, pero los casos más extremos de suspensión de incredulidad se dan en el género fantástico o de espada y brujería, donde los elementos reales son la excepción, y no la regla. En estas novelas de caballería llevadas al extremo los humanos (cuando los hay) conviven con todo tipo de seres imaginarios, practican magia, matan dragones y cohabitan con dioses/as (bien, esto último algunos lo logramos en la realidad ;). Si están bien escritas aceptamos esas realidades, pero no como hacían los griegos con sus relatos, puesto que ellos creían sinceramente en el Olimpo, en hidras y en héroes, de igual modo que los vikingos creían en el Ragnarok, en dioses tuertos y en doncellas de la muerte. Lo novedoso y maravilloso de la suspensión es que dura el tiempo que dediquemos a leer el libro, a ver la película, a presenciar la obra de teatro o a jugar al videojuego. Durante ese tiempo nos evadimos de nuestra realidad para disfrutar de una historia que nos atrapa.

Una circunstancia que contribuye a suspender la incredulidad al leer "Cuando cae la noche" es que los vampiros son tan conocidos, tan icónicos, que resulta fácil creer que son reales. Todo el mundo sabe que beben sangre, que son pálidos y no tienen pulso, pero sí poderes sobrenaturales. Cuando un lector lee sobre ellos no tiene que esforzarse por visualizarlos ni por comprenderlos. Cada autor les da su toque particular, pero sólo son detalles que no sólo no restan credibilidad al estereotipo, sino que pueden incluso proporcionarle verosimilitud. Por ejemplo, un creador puede decidir que sus inmortales lo son porque fueron sujetos de experimentos con un ADN que ordena a las células que se regeneren continuamente. Si para apoyar esto el autor se documenta sobre este tipo de mecanismos recurriendo a revistas médicas y las cita en su obra, facilitará que el lector crea en esos vampiros.

La ciencia es un gran recurso para generar suspensión de incredulidad, pues nadie lo sabe todo. Un escritor de ciencia ficción puede recurrir a enormes campos gravitatorios capaces de curvar el espacio para explicar los viajes de una galaxia a otra. ¿Es algo posible? Ahora mismo no, pero hace años tampoco lo era recorrer el mundo en 80 días. Si el autor logra mantener la suspensión de la incredulidad más allá de su libro es que es un verdadero artista, un profeta o un político.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada